El desafío que tenemos como país frente a la más grave crisis económica internacional es muy grande. Las ideas de que sólo son útiles y eficientes, tanto la búsqueda de ganancias como del interés individual, llevados al extremo, han fracasado con la crisis mundial. Abrir las alternativas a la pluralidad de motivaciones humanas y nuevas búsquedas de desarrollo es una exigencia de gran actualidad global. Y en esto se ubica el camino que cientos de organizaciones están emprendiendo en nuestro país, tratando de que la equidad y la solidaridad sean fuerzas de progreso y de superación de la pobreza. Veamos dos de estas experiencias.
La organización cooperativa como parte de la economía solidaria
Las cooperativas son espacios de acción colectiva, donde los individuos trabajan y producen buscando un objetivo económico común. Se trata de organizaciones económicas donde voluntariamente los socios establecen reglas de funcionamiento de la empresa. La cooperativa en su sentido original se mueve tras la realización e institucionalización de la solidaridad, tanto para sus asociados como para la sociedad más cercana con la cual está en constante relación. La solidaridad es un factor que permite generar confianza en los propios actores económicos, promueve lazos que permiten ampliar la productividad del grupo y distribuir con equidad el producto obtenido; y por tanto es parte de una fuerza positiva de desarrollo.
En el Perú, las cooperativas se hallan ubicadas en diversos sectores. En la actualidad, las más importantes se encuentran en el ámbito de la producción, comercialización y exportación del café, cacao y frutas. También están presentes en el sector financiero como cooperativas de ahorro y crédito. Y existen formas de producción y comercialización cooperativa en el plano de la artesanía, lo mismo que en diversos servicios como transporte y educación. Todas estas manifestaciones concretas pueden ser vistas como experiencias de progreso de la economía solidaria que busca un cambio con justicia y en democracia.
Sin embargo, el sector cooperativo existente ha atravesado por varias etapas en los últimos 40 años, ha sufrido los embates de sucesivas crisis y de políticas económicas erráticas, contradictorias e incluso adversas al sector. A pesar de todo, las cooperativas cafetaleras están activas, produciendo y exportando, y se encuentran asociadas casi todas ellas en la Junta Nacional del Café (JNC). Esta entidad agrupa a 67 cooperativas a nivel nacional (32,000 familias), que tienen 75 mil hectáreas de café y 10 mil hectáreas de cacao, frutales y otros. Producen un millón cien mil quintales de café por valor de 80 millones de dólares; y tienen 35 millones de dólares en activos (plantaciones e instalaciones).
En el ámbito financiero existe la Federación Nacional de Cooperativas de Ahorro y Crédito del Perú (FENACREP) que agrupa a 200 cooperativas. Actualmente estas entidades representan un importante componente del sector financiero no bancario, con un patrimonio superior a la suma de los patrimonios de las Cajas Municipales, Cajas Rurales y EDPYMES, juntas. Su nivel de colocaciones sólo ha sido sobrepasado por las cajas municipales de ahorro y crédito, las cuales en forma creciente se orientan a responder a las necesidades de crédito de los sectores de la economía popular y existe participación ciudadana en los directorios de las mismas.
En el sector de artesanía peruana, sobre todo en la comercialización externa, de la misma forma que con el café, se dan formas de asociación de pequeños propietarios y está presente la experiencia solidaria del comercio justo; es decir, la del respeto por el precio que promueve bienestar y desarrollo de los productores pobres, y los estándares de respeto de normas laborales y medioambientales. La difusión del comercio justo a nivel internacional está en constante aumento, tanto en los países del Sur como en los países del Norte; y coincidiendo con el desarrollo de esta mentalidad, los talleres cooperativos y asociaciones artesanales peruanas han comenzado a incrementar su actividad productiva y exportadora. Los principales rubros son cerámica, joyería, textiles y cuero. Diversos grupos de productores de artesanía se encuentran integrados en la Central Interregional de Artesanos del Perú (CIAP).
El desafío de la pequeña propiedad agropecuaria en la sierra
La mayor parte de pobladores del campo peruano vive y trabaja en pequeñas parcelas. El 92.3% de la unidades agropecuarias del país son menores de 20 Has. Representan, aproximadamente, 1 millón 610 mil unidades agropecuarias, según el Censo Nacional Agropecuario de 1994, que corresponden al 15.4% de la superficie agropecuaria nacional, es decir, 5 millones 403 mil Has. Según el sociólogo Fernando Eguren, estas unidades “proveen el 71.5% del valor bruto de la producción agrícola nacional. Son la base de la seguridad alimentaria del Perú, ya que siete de cada 10 toneladas son producidas por estas pequeñas explotaciones.” (1)
Además, está demostrado que la pequeña propiedad campesina, aún sin contar con apoyo estatal, puede progresar y salir de la extrema pobreza. Y para dejar sentado lo que ha visto, el empresario Pablo Bustamante ha escrito lo siguiente: "Hoy día, 30.000 familias de la sierra han dejado la pobreza mediante el programa de Sierra Productiva”, el cual desde los años 90 en que inicia la experiencia en el Cusco “ha adaptado al hábitat serrano 18 tecnologías, empezando por el riego por aspersión y ha logrado inmensos saltos de productividad..., esto ha permitido multiplicar los ingresos de las familias campesinas, que ahora consumen alimentos por el equivalente de S/.500 mensuales y generan ingresos monetarios del orden de S/.2.000 al mes, en predios de solo 1.000 metros.” (2)
Las tradiciones que fortalecen capacidades humanas y productivas son muy importantes en la sierra y en el mundo andino en general. La reciprocidad, el trabajo colectivo y la solidaridad son fuerzas que posibilitan a las personas prosperar en sus pequeñas propiedades. Se diversifican en sus actividades económicas, “no colocan todos los huevos en una sola canasta” y cada vez más saben que tienen derechos y condición de ciudadanos y ciudadanas. Aspiran a una vida digna y no a la limosna de quienes desprecian su historia y cultura. Además, un grupo de emprendedores andinos desde la pequeña propiedad campesina, los yachachiq, comparten sus conocimientos de tecnología productiva y experiencia democrática con otros campesinos pobres en varias regiones del país, llevando el mensaje de la transformación emprendedora de la sierra peruana, demostrando que la solidaridad es también un factor de desarrollo.
1. Tomado de Fernando Eguren (Archivo de: fegurenl.blogspot.com 17-04-07)
2. Ver: Pablo Bustamante Pardo “La revolución productiva”, El Comercio, 05-05-08.