Cuando tenga que despedir a alguien, es muy sano y productivo contar con Prudencia, Foco y Empatía.
Prudencia, porque en el acto mismo del despido, el afectado siempre reaccionará y puede que de diversas formas. En los zapatos del desvinculado hay, por ejemplo, quien se “bloquea” y, por ende, no entiende a cabalidad el anuncio, es decir, el mensaje no lo codificó adecuadamente.
Puede haber otra persona que reaccione ante esta “mala nueva”sencillamenteechándose a llorar desconsoladamente; lógicamente ahí, quien desvincula no debiera (muchas veces como quisiera) estirarle los brazos y ponerle el hombro para enjugar sus lágrimas; sería muy humano este gesto, pero desde ningún ángulo sería lo más recomendable.
Claro, dirá usted, si quien ejecuta el despido -léase el gerente-verdugo- tiene la real conciencia de lo trascendental de este hecho, cómo no va a afectarle también a éste, si sabe que quien tiene en frente es Padre o Madre de familia, con múltiples responsabilidades y obligaciones y le está dando la inevitable noticia, con la que trunca todos sus planes. Tendría que ser muy insensible, ingenuo o ignorante aquel gerente que, al desvincular, no se afecte por quien tiene al frente, a no ser que el desvinculado haya cometido falta grave.
Muchas veces no queremos despedir a una persona o a una división completa de la organización; preferiríamos no hacerlo, pero “la coyuntura producto de la fusión…”, “la decisión del directorio” o “es una decisión que viene de la matriz...”. Sea cual fuere la dirección del despido, éste se tiene que ejecutar y mandatoriamente.
Dicho esto, podemos derivar en que quien desvincula puede estar siendo poco responsable si el acto lo realiza sin preparase y ordenarse debidamente, como muchas veces sucede, mal y rápido. Pero no hay duda, las consecuencias en pérdida de imagen corporativa, clima interno y liderazgo, le pasarán su factura a la empresa, si ésta no maneja bien sus ceses laborales.
Foco, porque el acto mismo de la desvinculación no deberá extenderse y para esto habrá que planificarse bien, hasta el más mínimo detalle; idealmente, no debería durar más de media hora (el libreto de despido, las preguntas y las respuestas, la liquidación, la firma), siendo este tiempo hasta mucho para el caso, ya que si se puede ejecutar en 15 ó 20 minutos, éste sería el tiempo más adecuado.
Empatía, porque si usted no se pone ágilmente en la posición del afectado, no podrá entonces conectar con sus emociones y, por ende, con su reacción y esto se puede convertir en un factor crítico que deriva en “un despido mal hecho”, que trae serias consecuencias negativas.
Una mezcla de serena compasión, tacto y buen manejo ejecutivo son los tres ingredientes básicos que contiene esta recomendable receta gerencial.
Empatizar es uno de los componentes primordiales de la Inteligencia Emocional; dicho para la ocasión y de otro modo:
Sea inteligente con las Emociones cuando tenga la difícil tarea de despedir a alguien; hágalo con la mente limpia, el corazón claro, y sus emociones bajo control, pues como está probado, muchas veces a quien le toca hacerlo sufre hasta más que el mismo afectado.
Despida profesional, pero sobre todo: Humanamente.