Partamos de la premisa que la Transición Laboral es considerada como aquel momento o etapa que experimentan los profesionales en su carrera: “estando en un trabajo de relación de dependencia” y que en éste estén “psicológicamente desconectados de su rol actual y estén buscando otro trabajo o haberse quedado sin él, es decir: está usted desempleado.”
“Carlos se ha quedado sin empleo y -analizándolo interiormente- vemos objetivamente que Carlos era el que proveía de recursos (con sus ingresos) a toda su familia: esposa, tres hijas y una persona de servicio; o sea que Carlos, es "el proveedor" de 5 personas -de su familia- y que de él depende el pago de los múltiples compromisos que, viéndolos directamente en su conjunto y en buena cuenta, son todo el patrimonio de él y los suyos.
Carlos era el Gerente Administrativo-Financiero de una empresa Multinacional y en esta posición Carlos venía laborando por los últimos 8 años; él tiene 42, un grado académico de Ingeniero Industrial y una Maestría con énfasis en Finanzas. Carlos ahora está en la vereda de enfrente, en ésa, la de los desempleados"...
Reacciones
Carlos Irracional:
“Ya me fundí, quién va a pagar todo ahora, la letra del carro, los colegios, la hipoteca... Bueno, yo alquilo, ¡sí!... Pero... ¿Mis hijas querrán? ¿Mi mujer?... ¡Qué problema! El club, los servicios, la educación de las 3 hijas... mis amigos, la playa, ¡qué van a decir!... Mi laptop y el carro...
Ahora sí que ya nos hundimos, ¡realmente va a ser la catástrofe!!! Nadie nos saca de ésta. Cómo no la pensé antes, ya no me puedo gastar esta indemnización... ¿Me alcanzará? Y además ahora, con la cantidad de gente joven que está en el mercado laboral y que pide menos de la mitad de lo que yo ganaba... No creo que vaya a conseguir otro trabajo, ¡qué injustos fueron con la subsidiaria peruana! ¡Qué desgracia!... Ya no hay marcha atrás, pero si no hubieran cerrado la Compañía, no estaría pasando toda esta tragedia... ¡Qué pésimo es todo esto!”
Carlos Racional:
“Cerraron nuestra empresa en el Perú. ¡Qué lástima!, pero viéndolo desde otro ángulo, quizás sea mejor el panorama para mí; ese empleo durante los últimos años ya no me estaba desafiando, no lo consideraba relevante para mi desarrollo de carrera; la verdad es que ya no me motivaba más, además no me la iba a pasar toda la vida como Gerente Financiero ahí. Lo que he pensado es que si bien esto ha sido un hecho no esperado, lo de mi desvinculación, serenamente, no es un desastre total; pienso que la transición laboral puede ser bien manejada, voy a trabajar en ella, voy a ver mi currículum, voy a actualizarlo eficientemente y voy a moverme con mis contactos; voy a propiciar entrevistas en múltiples empresas. De pronto hasta me sale algo más retador y rentable, ¿por qué no? Ahora tengo que ser bien organizado con mi flujo de caja familiar, armar un plan A y un Plan B y hasta un C si es necesario. Será importante tener todo en armonía y ver con claridad que a nadie a los 42 años en un país como el nuestro, le va a ir mal. Doy gracias por mi familia, eso no me han quitado; ¡mi mejor empresa será mi familia!”
¿Cuál sonó mejor? Es dable en cualquier caso que se dé una reacción irracional u otra racional, ¿no es así? Pero qué gran diferencia, desde luego. Cada segundo en el mundo se toman decisiones (racionales e irracionales) en la transición laboral; son millones las personas que se quedan sin empleo en el mundo. Hasta el más poderoso cae. ¿Sufre el Presidente Ejecutivo tanto o más que el Obrero de una fábrica? Éste último puede tener un manejo más racional que el ejecutivo poderoso que se quedó sin trabajo. ¿De qué depende esto?
Las irracionalidades o creencias irracionales se enquistan en nuestras mentes; en un desempleo es común que las creencias irracionales afloren, éstas se magnifican y son diversas y son también complejas; el catastrofismo, el perfeccionismo, la sobre generalización, Viles y Malvados, etc., etc. Tantas como entren y se visualicen, pueden girar -en muy cortos períodos de tiempo- en la mente de una persona en Transición Laboral.
Se puede asumir entonces que las irracionalidades se convierten en, si no las principales enemigas de las buenas decisiones durante un cambio, las peores aliadas para esta fase tan compleja, pero, a la vez, sencillamente manejable.
Es catastrófico quedarse sin empleo.
Pero no es el fin del mundo... La calidad, la inteligencia, las buenas relaciones con la familia y tantas otras cosas más, pueden demostrar a los seres humanos que una Transición Laboral tan trágica no tendría que ser así si el afectado opta por trabajar “racionalmente” todos los aspectos de sus propias creencias, en aras de voltearlas hacia el lado más racional. Visualizar las creencias es muy productivo e interesante para quien se lo propone.
Viles y Malvados, los que me hicieron esto.
¿No será mejor optar por la premisa que el desempleo, así como el empleo, tienen una temporalidad? Es irracional pensar que son "personas malas" las que estén manejando tras bambalinas los hilos de nuestros futuros y destinos profesionales.
Tengo que conseguir el mejor trabajo ¡Sí o Sí!
¡Me tiene que salir perfecto!, quiero un mejor salario, más poder, más viajes, más responsabilidades, pero si no me sale así, “no está a la medida de lo que estoy buscando”, la verdad... ¿Quién puede dirigir con calidad emocional una reinserción laboral o una transición con estándares de desempeño a niveles desbordantes y hasta obsesivos? Cuánta demanda de energía, cuánto desgaste es exigirse todo eso... ¡Al parecer mucho! Si no sale como lo tengo previsto, pues me voy a deprimir mucho: ¡irracional!
Un panorama de nuestro mapa de creencias irracionales es muy pertinente para quienes validan el auto conocimiento como una de las mejores herramientas de manejo y control personal. Es completamente lógico que cambios intempestivos y bruscos en nuestra carrera ejecutiva perturben la paz emocional y nos tienten o reten a manejarnos irracionalmente. Pero es más conveniente o, dicho de otro modo, mucho más inteligente -emocionalmente- manejarse con racionalidad en estos casos, ya que nos permite mayor eficiencia en el manejo del cambio, conocernos interiormente, para así saber reaccionar con criterio ubicado y sereno, emprendiendo y en franco ascenso.
La lucha ante la adversidad del desempleo es en estos momentos, a la vez de uno de los momentos más duros y difíciles de conllevar en las personas que tienen una relación de dependencia, también es el gran reto de los profesionales del aquí y ahora; los buenos en este escenario son los que saben que actualizar sus logros profesionales debe ser un trabajo permanente y motivador, por cierto; que armar el currículum no sólo es llenar un papel bien escrito, sino que es saber agregar valor a sus accionistas; sostenerse en los trabajos, sin interrupciones, ni empleos incorrectos (tomados a veces por la desesperación para evitar la para...).
Paradójicamente, muchas personas, incluso teniendo mucho más recursos intelectuales que otras, pierden eficiencia y, por ende, efectividad en su reinserción laboral, en comparación con personas que con menos inteligencia general, pero sí con un gran manejo emocional del cambio, se conducen bastante mejor en estos escenarios de arena movediza... ¿Y qué quiere decir esto último? Pues que se saben manejar racionalmente ante la adversidad de una situación de un desempleo brusco. Éstos se saben interiorizar mensajes positivos, muy racionales y además realistas. Éstos se conocen más interiormente y, por ello, son más seguros. El mercado -no hay que olvidarlo- demanda profesionales seguros. Éstos, entonces, cuentan con más recursos para defenderse ante una adversidad severa como es el desempleo, no siendo tan espectacularmente más inteligentes; su astucia y buen manejo les permite ganar más pronto la batalla.
En otro ángulo, pero no por ello menos importante, está la Inteligencia Espiritual, el creer en un ser superior y poseer una gran fe en Dios. Esto ayuda sobremanera a todos los pasajeros del indeseable desempleo, pues al ver en su fe una esperanza, encuentran un asidero que, si bien no es la panacea, es un apoyo a su espíritu genuinamente alicaído por una desvinculación laboral. Su acercamiento a la iglesia, su apego a la oración frecuente y su constante comunicación con Dios, son una herramienta espiritual irreemplazable. Esto, desde luego, es respetable según la creencia de cada quien, pues lo ostentan aquellas personas que son provistas de ese don, aquel de la fe en un ser superior. Por cierto, éste es gratis, tome nota.
Así entonces, sería propio decir que la Inteligencia Emocional y, ahora también, la Inteligencia Espiritual y, desde luego, la Inteligencia General del individuo, son las grandes fuerzas que se tienen que entremezclar adecuada y equitativamente para un óptimo manejo del cambio.
Me pregunto, ¿lo tendrán claro todos aquéllos que no quieren ver más allá de su trabajo "estable" o de quienes piensan que una relación de dependencia cuenta con una cláusula de condición vitalicia? Vamos, pensémoslo.