“Esta es la lección: nunca abandonar, en nada, a menos que lo pida el honor”
Sir Winston Churchill
Hoy hablaremos del manejo del rechazo. Es la razón principal por la que muchas personas dejan de lado una carrera brillante en la más brillante de las áreas: la de ventas. ¿Por qué? Básicamente por temor a sentirse rechazados. Algo que de todas maneras va a suceder en algún momento de nuestras carreras. O de nuestras vidas.
Por estadísticas, no podemos ganar todo el tiempo. Y si lo hacemos enhorabuena. Pero será por un periodo. Un paseo triunfal por los negocios y por la vida requiere de esfuerzo. Y el rechazo es un incentivo a esforzarnos más.
Desarrollemos un poco más el tema.
Antídoto contra el rechazo: autoconfianza.
Para manejar el rechazo, lo primero es prevenirlo. Y aquí la confianza es crucial. La confianza en uno mismo. De que saldremos siempre airosos de cualquier dificultad que se presente. Esa confianza que hace que uno camine por la vida con paso firme. Paso de vencedor, como dijo alguna vez el Mariscal Sucre.
Para crear confianza, nada mejor que actuar como un ganador primero. Los triunfos vendrán después con toda seguridad. Si uno actúa como si estuviera alegre, la alegría viene después. Es una ley poderosa, no suficientemente investigada. Como la gravedad, el que no se halle una razón causal última, no significa que no funcione. Funciona, y desde Henry Ford hasta Bill Gates lo han demostrado.
Ahora, el actuar con confianza, que generara confianza genuina después, se puede reforzar con un secreto adicional.
Lea por favor con cuidado ahora: cuando anuncie a su cliente, hijo, o pareja, que le tiene una verdadera, enorme sorpresa (o propuesta),…piérdale completamente el miedo al no. Muéstrese, actué y piense sólido como una roca. Y esto es recomendable por la siguiente, también sólida razón.
¿Ha pensado alguna vez que un no como respuesta nos obliga a esforzarnos? ¿A ser mejores, a salir de nuestra zona conocida de comodidad personal? Recuerde siempre que para ser extraordinarios necesitamos un esfuerzo igual, extraordinario. Y una negativa nos ayuda a poner lo mejor de nosotros sobre la mesa. Ser lo mejor que uno puede ser. Maravillosa receta, no solo en los negocios, sino también en la vida.
Be the best you can be
Aquí una pequeña anécdota: hace algunos años en un restaurante chino (no uno de nuestros queridos chifas) de Miami, una amiga me comentaba que el pescado no parecía fresco. Estaba muy blando, no tenía textura de fresco para ella.
Sin embargo los peces se exhibían en estanques especiales, y uno los pedía, y de allí mismo iban a la sartén. Como podían saber a carne guardada después? Observándolos bien, la respuesta era simple: los pobres peces estaban como esperando su turno.
No era un bello acuario donde estaban. Era un estanque sobrepoblado. Donde la condena a muerte por alguna razón, para ellos era algo que sentían inminente. Su carne no podía saber sino a eso, a desesperanza total. Por eso tan fláccida, tan insípida. Era el sabor de la derrota final, anticipada.
Asumiendo que el cliente siempre tiene la razón,…me quite la chaqueta, me recogí la manga de la camisa, y cogí entonces (con cuidado) una langosta de otro estanque, y la puse junto con los peces desalentados. Mientras mi amiga distraía al dueño, yo miraba fascinado entretanto como los peces cambiaron de actitud.
Tenían que hacerlo lamentablemente. Ya la muerte no los esperaba, convivía con ellos. Y pobres, tenían que moverse, estar 100% alertas para sobrevivir. Adrenalina en sus sistemas, o la muerte rápida a manos (o tenazas) del predador aparentemente inofensivo.
Volvimos a pedir luego de un rato, y ¡la textura de la carne cambio¡. Una muestra algo penosa, pero verdadera, de lo que se logra cuando a uno lo ponen en aprietos. Si uno es de buena madera (y todos lo somos) responderá con una fuerza prodigiosa, inimaginable. Que a veces ni uno mismo sabe que posee.
Conclusión
Imagine: si aun actuando como ganador sin miedo al rechazo, pierde la venta, o su propuesta no es aceptada, ¿realmente eso es algo terrible?.
La respuesta es un rotundo no. Aun cuando por mera estadística todos estemos expuestos a fallar, esas caídas nos hacen más fuertes. Y movernos más rápido y con más dirección.
Ya más experimentados, volveremos a intentar. Y finalmente ganaremos el juego. Si persistimos lo suficiente, un no siempre será un si diferido.